Dar de mamar


La leche humana cubre los requerimientos nutricionales, tanto en cantidad como en calidad, y actúa protegiendo contra infecciones respiratorias y gastrointestinales y previene la aparición de trastornos alérgicos. Además de poseer los
nutrientes que el bebé necesita para su mayor desarrollo neurológico, la leche materna ejerce una acción de gran importancia en esta primera etapa de la vida, en la cual el sistema nervioso se encuentra en plena formación.
Por otra parte, los bebés amamantados en los primeros seis meses de vida, después tienen menos posibilidades de contraer ciertas enfermedades. Para las madres, en tanto, la lactancia también disminuye el riesgo de enfermedades, en especial en los pechos, y permite una rápida recuperación del peso que tenían antes del embarazo. Asimismo, dar el pecho establece un intercambio de sensaciones afectivas únicas y, de esta manera, tanto la madre como el recién nacido viven una experiencia agradable y emocionalmente intensa, lo cual facilita el vínculo entre ellos y la adaptación e integración del bebé al medio que lo rodea.
El amamantamiento debe comenzar lo más pronto que sea posible, a partir del nacimiento, incluso, dentro de la primera hora. Si bien muchas madres creen que no tienen nada de leche, siempre hay algo, y la cantidad, aunque sea escasa, resulta apropiada para los momentos iniciales ya que permite que el sistema digestivo del bebé vaya madurando progresivamente.

Además, la puesta al pecho precoz es el mejor estímulo para que la producción de leche aumente. El primer alimento que recibe el bebé se llama calostro, que es de color amarillento y resulta suficiente para las necesidades de los primeros días de vida. El calostro, rico en energía, es muy bueno para proteger al bebé de las infecciones.

Habitualmente, los recién nacidos extraen entre 5 y 20 mi de calostro por mamada. Puede parecer poco, pero es suficiente para sus necesidades. Algunos bebés quieren permanecer en el pecho largo tiempo y otros sólo unos minutos.

Es bueno tener presente que, sobre todo en los primeros días, muchos bebés se duermen y suele ser necesario un suave estímulo, por ejemplo, alternar con el otro pecho o cambiarle el pañal, para que reinicien la mamada. Es importante que el bebé vacíe bien al menos un pecho, ya que la leche más "gruesa" está al final. Para retirar al bebé del pecho es conveniente que la mamá coloque un dedo sobre la areola, cerca de la boca del bebé, y apriete bien, con firmeza, tratando de que el bebé
disminuya la fuerza de succión.

De esta manera, se evitan tirones innecesarios del pezón que son dolorosos, e incluso pueden lastimarlo. Es importante proteger los pezones del traumatismo que implica el amamantamiento para evitar las grietas del pezón, que son dolorosas y facilitan el ingreso de gérmenes de la piel, que pueden producir mastitis o abscesos mamarios. Para cuidar los pezones se puede colocar a su alrededor leche materna al finalizar las mamadas, ya que por las defensas que contiene protege la piel.

Al iniciar la lactancia se pueden usar escudos mamarios que favorecen la aireación del pezón y lo mantienen seco. Siempre que haya alguna molestia se puede colocar una crema hidratante, como la de caléndula, que se deberá retirar antes de que el bebé comience la mamada.

Del 1 al 7 de agosto se celebra en más de 12( países la Semana Mundial de la Lactancia Materna, destinada a fomentar la lactancia materna, y a mejorar la salud de los bebés de todo el mundo. Según la Alianza Mundial pro Lactancia Materna, coordinadora de los eventos, la lactancia materna es el mejor modo de proporcionar al recién nacido los nutrientes que necesita. Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la recomienda como modo exclusivo de alimentación hasta los seis meses de edad.



La informacion de este articulo tiene una funcion solamente informativa. Recomendamos que consulte a su medico o terapeuta ante cualquier duda



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Fuente: Dr. Ernesto Lupo
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